Sunday, September 10, 2006

Sagrado jardín

Me acerque al cuerpo de la victima, que parecía inmóvil y maltrecho, le eché un vistazo fugas, no me pudo penetrar en la cabeza cuan graciosa belleza afloraba todavía.
El cuerpo, parecía todavía tener algo de vida, pero era cosa de mi imaginación, ya que con los azotes que le di en la zona encefálica, era imposible de que ella se encontrara con vida alguna.
Tome la picota, la pala y un saco de cal, me dirigí al patio trasero de la casa, aquel patio en que pase los mejores momentos junto a ella y en el que ambos construimos nuestro amor.
Cavé con mucha rabia, que me demore antes de lo previsto en hacer su tumba, tome el bulto amortajado por las sabanas, todavía podía inhalar el fresco aroma a lavanda que mi amada solía utilizar para sus “compromisos”, arroje el cuerpo sin compasión y luego empecé a rociarlo con cal, para su efecto de descomposición, una vez terminada la faena me reí inconscientemente de lo ocurrido y comencé a rociar la tierra lentamente hasta tapar la tumba.
Regrese a la casa, y de ahí pude ver con mayor presicion la tumba inmóvil de mi amada que yacía en el patio trasero de la casa, esa era la única manera de tenerla junto a mi, visualice el comedor en donde nos reuníamos a diario para comentar algunos sucesos cotidianos, mi cabeza ardía, hasta tal punto de que sentía de que me iba a estallar por lo que decidí pararme e irme a bañar y cambiar de vestimenta.
Ni siquiera el baño que me di y el cambio de ropa al que me sometí fugazmente pudieron borrar de mi esa sensación de estar sucio, veía todo con otros ojos, me empezó a dar vuelta en mi cabeza su sutil figura, su rostro, sus manos, su pelo, no me los podía sacar de la cabeza, pero a la vez sentía un gran regocijo ya que estaría siempre junto a mi, prefería de que estuviese muerta en vez de que ame a otro.
Me volví a sentar en el comedor para asi poder visualizar su tumba con mayor atención, las horas pasaban y yo seguía postrado en la silla sin cansancio y sin remordimiento por lo acontecido.
Llego la noche y yo seguía mirando su tumba, comencé a recordar aquellos momentos que pase con ella como cuando salíamos a dar paseos o cuando ella me pedía que le relatase esos poemas escritos por mi persona que tanto los admiraba. Nunca me reprocho mi manera de ser, como lo hacia el resto de la sociedad, por eso es que enloquecí hasta llegar a el punto de matarla, cuanto amor ella me daba, que yo no supe valorar a tiempo, en verdad yo la amaba pero mi desesperación y desconfianza me hacia dudar en sus actos, ¿como ella podría amar a un hombre despiadado, avaro y malvado como yo?, siempre me recalcaron que yo era una muy mala persona, que no servia para nada, que era un mediocre, lo que me llevo a cuestionarme de que esa mujer tan preciada se enamorase de mi e incluso llegué a sentir de que el amor que ella me brindaba era falso y de que ella estaba conmigo por mera lastima, eso generaba en mi impotencia y deseos de matarla, ya que yo no soporto la mentira ajena y menos cuando se trata del juego de mis duros sentimientos, los que con ella afloraron, sentía que ella estaba jugando con mis sentimientos y con mi persona, al ver que yo estaba rendido ante su hermosura.
¿Me habrá hecho mal leer las obras de Sabato y Poe?, ¿O mis presentimientos tenían algo de factibilidad?, la verdad es que mate a mi amada por la desconfianza que yo tenia hacia su amor.
Mi cabeza parecía estallar pero hice un esfuerzo por seguir recordando los mejores momentos de mi vida junto a mi amada difunta. Como aquel hermoso momento en el que me dijo que seriamos padres, el cual se vio desvanecido cuando yo la tire por las escaleras, discutiendo sobre el porque ella le brindaba mayor énfasis a sus cosas laborales.
Maldito el día en que nací, ya que con mi nacimiento sepulte la muerte de mi madre, ya que esta al darme a luz murió diez minutos después por lo que mi padre nunca logro quererme por encontrar de que yo era el responsable de la muerte de aquel ser que el tanto quería como era mi madre, maldito es quien mata a su hijo en el vientre materno por una simple discusión ¡que culpa tenia ese pequeño! , maldito el día de hoy en que mate al único ser que me amaba y respetaba en el mundo, al único ser que me pregonaba y alababa por sobre todas las cosas, maldito yo, que por poner en tela de juicio el amor de mi amada me llevo injustamente a matarla y que a mi joven edad ya llevaba sobre mi espalda el gran peso de haber cometido tres crímenes ¿Habría yo nacido para matar?


Me pare de la silla en que veía la tumba de mi amada, mi cabeza ardía y comencé a realizar una serie de hechos inconexos, rompí todo recuerdo que me hacia recordar a mi eterna amada, como aquel cuadro que le regale el día en que me contó la noticia de nuestro hijo, encendí la chimenea y queme sus ropas, sus joyas, sus preciados recuerdos de niñez.
Luego me dirigí a nuestra habitación, en donde ella me declaraba su amor eterno, retire de ella las sabanas y toda clase de artefacto que me recordaba a ella, en ese momento sentí un mareo y un terrible dolor de cabeza acompañado por unas nauseas infernales.
Empecé a escuchar su voz por toda la habitación ella me decía que me amaba, empecé a desesperarme, pero las voces seguían retumbando en mi oído, ¿Qué otra cosa debía eliminar para así deshacerme para siempre de su presencia?, pero las voces continuaban y yo desesperado me tire al piso y me tape los oídos, así pude descubrir de que esa voz venia dentro de mi y me suplicaba amor eterno, baje rápidamente la escalera y sentí los llantos de un bebe, me desespere más comencé a rasgarme la cara y sacarme el pelo, ¡como podía ser yo capaz de matar a el único ser del planeta que me amaba! Solo una persona sicópata como yo era capaz de realizar una escena como esa, es verdad lo que decía la sociedad de mi, yo no estaba hecho para recibir tan preciado amor, que vine a confundir con engaño y mentira, por eso es que tube que matarla, porque ella no debia amarme como lo hacia, ella debia ser una mas de las persona que me criticaban, yo nunca he merecido el amor de nadie, porque soy un ser despreciable.
Trataba de hacer un mayor esfuerzo por indagar aun mas el porque había llegado a matar a mi amada, pero el chillido de bebe y el grito de mi amada que me declaraba amor eterno, no me dejaba concentrarme, me dirigí a la cocina y metí mi cabeza en el agua helada, solo así pude disminuir momentáneamente el efecto de esos gritos que me atormentaban.
Todo me recordaba a ella, no podía sacarme de la cabeza su figura, aunque ahora la tendría para siempre conmigo en el jardín.
Concluí de que debía eliminar mas cosas que me hacían recordar su presencia, fui a la habitación y volví a sacar alguno recuerdos que ella me obsequio, los rompí y baje por la escalera, volví a sentir ese maldito llanto de niño nuevamente, pero esta vez mas intenso al igual que la voz de mi amada que me juraba amor eterno, no sabia que hacer hasta que concluí de que había solo una cosa que me faltaba eliminar para sacármela de la cabeza para siempre, esa cosa que todavía me ataba a ella era mi infeliz vida.


“Hora de duelo, taciturna mirada del sol,
Es el alma un extraño en la tierra.”
Georg Trakl

2 Comments:

Blogger Neuropata said...

Espero que sea el inico de una seguidilla de relatos, así como tú los sabes hacer. Y felicidades por tu triunfo literario!!

El huevo rompe el cascarón...

11:41 AM  
Blogger NowhereRocío said...

mmmm de veras que este ya lo habia leido.. en verdad es rebueno :P
salutes
!

11:19 AM  

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