Wednesday, September 13, 2006

To be or not to be

Solo percibo en el ambiente una cierta incertidumbre, mis ojos los tengo cerrados de forma involuntaria ya que he tratado de abrirlos pero no puedo, lamentablemente ocurre lo mismo con todos mis demás sentidos.
Afortunadamente tengo habilitada mi razón, una razón imperfecta y nueva, como la de un bebé, ya que no recuerdo nada sobre el pasado ni el futuro, pero si vivo el presente en su total lucidez.
Afortunadamente en esta perdida de sentidos producida, e podido rescatar al menos uno como es la audición, por el cual e podido comprobar que me encuentro en un lugar público por el ajetreo del ambiente y el constante ir y venir de la gente.
Me han dado ganas de abrir los ojos, pero lamentablemente estos no me responden, pareciese que estos fueran dos témpanos de hielo inamovibles. Escucho además un pequeño zumbido en mi lado izquierdo una especie de chillido que va al son de un segundo por ruido, por lo descrito no se trata de nada cotidiano por lo que empiezo a desesperarme y tratar de gritar para que alguien me socorra, pero es insatisfactorio, ya que el habla pareciera tampoco hacerme caso alguno. Mi cuerpo no me reacciona, y el chillido que proviene de mi lado izquierdo comienza a producirse de manera mas punzante y agonizante, me encuentro desesperado sin poder manifestar mi necesidad que me esta afligiendo.
Sentí un alivio cuando oí abrirse una puerta, no muy lejana, abrirse poco a poco, eran las voces de dos mujeres que se dirigían hacia mí por lo que pude oír.
Al llegar a mi una de las mujeres rompió el silencio y la incertidumbre y dijo: “Ya no tiene arreglo, mas de una semana no le doy”, mientras que la otra le decía: “ Pero Andrea, no seas tan cruel, acuérdate que existen los milagros. Es verdad que en el hospital se necesitan camas pero no podemos desconectar a una persona que tiene una pequeña esperanza de sobrevivir”.
Sentí una especie de descontrolación, y es verdad había leído algo sobre la catalepsia, pero esto no tenia nada que ver con lo vivido, yo me encontraba en coma en ese momento, sin la capacidad de dar a conocer mis sentimientos y mi descontrolación, algo que inundaba mi ser. Un vacío enorme me sumió, y ya no podía hacer nada me encontraba muerto en vida, ya que esta vez mi cuerpo me traiciono, porque conservaba mi razón pero no podía controlar mis sentidos.
Sentí que la puerta se cerró, intuí que esas mujeres resultaban ser enfermeras que estaban encargadas de mi cuidado. Una vez cerrada la puerta una serie de interrogantes me nublaron mi descontrolada mente ¿Sabría mi esposa Maria Angélica, el ser que más amaba en el mundo, lo acontecido? ¿Cómo fue que sucedió? ¿Cómo reaccionarían mis hijos Ignacio, Federico y Paula sobre lo acaecido?. Atine a cerrar mi mente y tratar de descansar, a pesar de que esa era la impresión que daba al mundo en este instante, y así poder convencerme de que esto era una simple y martiriosa pesadilla que en ese momento no lograba entender.
¡Maldita sea mi vida!, no se trataba de una pesadilla ya que al otro día seguía con los mismos síntomas anteriores. Esta vez la voz de un hombre ronco me hizo nuevamente abrir mi razocinio, los ojos no obedecían, permanecían cerrados. Escuche de que el hombre llamaba a una enfermera y que este le decía: “Haga pasar a los familiares”, y que la enfermera le respondía: “Si doctor”.
En ese momento entro Maria Angélica desesperada, la pude reconocer por el ruido de los zapatos de tacón que solía usar, lloraba de forma desmedida. Sentí ganas de llorar, pero ni siquiera eso me resultaba ya que los lagrimales no parecían responderme.
En ese momento hoy también el grito de mi hija menor, Paula, también los quejidos de mi consentido hijo Federico y la voz ronca tratando de persuadir lo acontecido de mi fornido primogénito Ignacio.
Maria Angélica estaba enloquecida, mis hijo le pedían calma para que el doctor pudiera contar de manera exacta los sucesos que habían acontecido.
Pude oír al doctor que le decía a Maria Angélica lo siguiente: “El Señor Gonzalo Reyes, sufrió un accidente en la carretera, su vehiculo se volcó y rodó varios kilómetros, quedando el en estado de coma por lesiones encefálicas severas”, logre percibir la voz fornida de mi hijo Ignacio que le decía: “ Doctor, pero mi padre se va a volver a mejorar ¿no?” y que el doctor le respondía: “ Don Ignacio, su padre se encuentra, literalmente hablando, muerto en vida, solo esperamos de algún milagro para que este al menos habrá los ojos o expire algún signo vital, algo totalmente fuera de lo común”
El doctor además agrego: “me va a perdonar el desatino ya que se que no es el momento de hablar sobre esto, pero no ha pensado en donar los órganos que se encuentran en buenas condiciones en el cuerpo de su esposo, hay centenares de personas en lista de espera”. Pude oír lo pasos de Maria Angélica muy fugases avanzando hacia la puerta, además escuche a Federico que le decía al doctor: “Comprenda a mi madre doctor, pero nos gustaría hablar de esto en su oficina” a lo que el doctor respondió que si.
¡No me podía estar pasando esto a mí! Me encontraba preso en mi propio cuerpo, entre en una crisis de temor y pánico momentáneo. Lo primero que pensé fue en mi familia ¿Como podrían sobreponerse sin mi?, un tipo que para los médicos se encontraba en coma, sin posibilidad alguna de volver a la vida, pero que en si se encontraba en sano juicio de lo acontecido.
Concluí, en medio de mi desesperación que solo yo podía percibir mi sufrimiento inerte hacia lo exterior, de que mi vida se desmoronaba lenta y pasivamente. ¿Porque no morí en ese accidente momentáneamente? ¿Por qué sufrir este maldito calvario de estar muerto en vida sin pleno conocimiento?.
No podía mas mi angustia y desesperación era plena, en ese mismo momento sentí de que la puerta se habría lentamente y de que el doctor entraba junto a mi familia a la cual le decía: “Créame Maria Angélica que usted y su familia han tomado la mejor decisión, darle la vida a personas que la carecen, en eso consiste el transplante”. Escuche a Paula que decía “¿Nosotros podemos estar presente cuando lo desconecten?” y que el doctor le respondía: “claro que si, esto va a ser cuestión de segundos”.
Sentí que el silencio abundaba en el ambiente, ese silencio que se mezclaba con mi angustia y desesperación, entonces oí a Maria Angélica pronunciar a coro con mis hijos el padre nuestro, y que el doctor le preguntaba que si ya era hora de desconectarlo, a lo que mi hijo Federico respondió afirmativamente. Escuche de que el doctor dijo “Ya esta, me acaban de avisar de que a llegado un paciente que necesita un hígado, su grupo sanguíneo es el mismo que el de Gonzalo así de que llevaremos el cuerpo de inmediato al pabellón quirúrgico, gracias han salvado una vida”.
¡No podía estar sucediendo! Seguía yo escuchando las voces de mi esposa ahogada por el llanto junto a mis hijos una vez ya desconectado del respirador artificial. Y ahora yo me dirigía al pabellón quirúrgico, en donde extraerían los órganos de éste cuerpo, aparentemente muerto que no parecía ya pertenecerme, para ser donados a un paciente. Lo único que atine a pensar en un momento de locura y desesperación es que mi agonía se perpetuaba en el tiempo.
Espero que el dolor que sienta al penetrar el bisturí en mi zona abdominal, no sea el mismo que el dolor vivido en este interminable martirio, el de estar muerto en vida.




“En lo hondo no hay raíces
Hay lo arrancado”.

Fragmento de Hugo Mujica

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